Retrato de Adele Bloch-Bauer II

Retrato de Adele Bloch-Bauer II

martes, 7 de junio de 2011

VIDA DEL AUTOR



El autor de este cuadro es Gustav Klimt (1867-1918) Pintor austriaco. Fue la figura más representativa del modernismo pictórico (Jugendstil) en el mundo de habla alemana. Se formó en la escuela de artes aplicadas de su ciudad natal y triunfó como autor de grandes pinturas decorativas en un estilo de corte academicista, del que constituyen un buen exponente las pinturas de la escalera del Museo de Historia del Arte de Viena.
Fue un pintor simbolista y uno de los miembros más destacados del movimiento modernista Art Nouveau. Su estilo rompió con el ideal académico y se caracterizó por el empleo de un intenso colorido, el uso frecuente de fondos dorados y la utilización de ornamentos florales en sus cuadros.
En 1897, su interés por el arte de vanguardia lo llevó a abandonar la Asociación de Artistas Vieneses y a fundar, con algunos amigos, la famosa Secesión Vienesa, de la que fue el primer presidente y máximo exponente. Las pinturas murales alegóricas para la Universidad de Viena, en las que se advierte ya un evidente cambio de estilo, suscitaron duras críticas, por lo que el artista abandonó el encargo antes de finalizarlo (las que había concluido las destruyó un incendio en 1945).
Como consecuencia de este episodio, ya no volvió a recibir encargos oficiales, pese a lo cual realizó gran cantidad de telas, en primer lugar paisajes plasmados con una concepción muy peculiar de la perspectiva y en los que predominan las tonalidades verdes, y después, sobre todo, figuras femeninas, que constituyen lo más conocido y valorado de su producción.
En 1909 visita París, interesándose especialmente por la obra de Toulouse-Lautrec y de los fauvistas, encabezados por Matisse. También le llaman la atención los trabajos de Van Gogh, Gauguin y Munch. A su regreso a Viena se produce un importante cambio en su pintura ya que finaliza la época dorada y empieza la etapa identificada como caleidoscópica, en la que el decorativismo y la diversidad de colores se adueñan de sus telas.
Klimt es un pintor verdaderamente personal y sus obras fácilmente reconocibles. Casi siempre vemos en sus cuadros bellas escenas de carácter sensual y erótico, donde las mujeres suelen ser las protagonistas, rodeadas de flores, dorados y tejidos de colores tratados con finura, elegancia y buen gusto. También pintó bellos paisajes con jardines y flores.
A continuación nos centraremos en la obra que vamos a analizar de este autor, la cual recibe el nombre de "Retrato de Adele Bloch-Bauer II", fue pintada en 1912, y la técnica utilizada es óleo sobre lienzo, este cuadro lo podemos localizar en Österreichische Galerie (Viena, Austria),  y sus dimensiones son de 50 cm de ancho y 100 cm de alto.
Esta era la segunda vez que este autor pintaba a Adele Bloch-Bauer, ésta  sintió tanta admiración por el arte de Klimt que no dudó en posar una segunda vez para el pintor y se convirtió en la única modelo pintada en dos ocasiones por Klimt.

ELEMENTOS FORMALES DE LA OBRA


TRATAMIENTO

En este cuadro podemos observar la figura de una elegante mujer de su tiempo, vestida a la moda. La pose sigue siendo rígida, en esta ocasión de pie, recortada su esbelta silueta sobre un fondo inspirado en la pintura oriental decorado con flores y figuras chinas, continuando con las notas decorativistas en sintonía con los trabajos de esta época. La modelo mira al frente y viste un ceñido traje adornado con una larga estola de piel que se ajusta a su cuerpo para llegar hasta el suelo, semejante a los arabescos; predomina la línea ondulada, pudiendo observar en ésta líneas del contorno de la figura muy bien definidas, sobre todo en la parte del rostro y los rasgos de la cara.

La protagonista semeja una columna con sus particiones arquitectónicas internas, coronadas por el gran disco negro del sombrero a modo de capitel. El elemento ornamental se acentúa, pues, todavía más, aunque reaparece una cierta tridimensionalidad evidente en el sombrero y en la alfombra, vistos en rigurosa perspectiva. El fondo, por el contrario, es totalmente plano, imaginado como una serie de empapelados o tapices superpuestos. Los motivos, sin embargo, proceden de un repertorio muy distinto del arcaizante y sacro recurrente en gran parte de las obras klimtianas hasta principios de los años diez. El artista utiliza  como ya he comentado anteriormente, escenas tomadas de las estampas japonesas, en las que antes sólo se había inspirado para los encuadres compositivos o para la reducción de las figuras a siluetas sin volumen. Por el contrario, la zona cuadrada en verde, en la cual se ven flores dispersas, no poseen un orden aparente.

En esta obra, además, no es posible dejar de percibir un marcado contrapunto entre la vívida sensación de voluminosidad que exhala la parte del cuerpo que se expone sin disimulos y el resto del vestido,  que se extienden en toda la extensión del tejido sin destacar a duras penas del fondo, dando la impresión de estar adherido al mismo por medio de la técnica del collage.
La textura utilizada podemos apreciar que en la composición de la figura principal es lisa mientras que la textura del fondo del cuadro es más rugosa. Estamos ante una pincelada larga a la hora de representar la figura femenina aunque también se puede observar una pincelada corta en los detalles del fondo de la pintura.

EL COLOR

 Por otra parte, la principal novedad la encontramos en el color y la libertad en su aplicación que manifiesta el artista, apreciándose influencias de los fauvistas y del joven Matisse.
En esta obra se puede apreciar el empleo de la gama de colores cálidos y fríos aunque destacan más los colores cálidos, permitiendo el acercamiento sensorial a la obra.
Utiliza como colores cálidos, el rojo para el fondo, el rosa para el pilar... y fríos como el azul para el vestido, morado, verde para el fondo florido…
Incluso podemos hablar de cierta referencia cubista al buscar la geometría en algunos elementos de la pared, como si cada uno de ellos - incluida la propia figura de Adele - tuviera autonomía propia y estuviéramos ante un puzzle.
En el rostro de la dama podemos apreciar de manera perfecta a una mujer enferma, sufriente, frágil, oscura, además de un rostro espiritual, elegante, complaciente, arrogante… el autor quería representar de cierta manera a la mujer de esa época, por ello el peinado, vestimenta…, además de el carácter sentimientos de Adele Bloch-Bauer.
Destacar la mezcla de colores que utiliza el autor en la obra,  consiguiendo con esta mezcla de colores fríos y calidos resaltar la figura central dejando en un segundo plano el fondo de la composición, cabe decir que en verdad lo que más interesa en el cuadro y lo que está representando el autor es a Adele Bloch-Bauer, de ahí que utilice estos colores en el cuadro.

LA LUZ Y LA SOMBRA


Como sabemos el estudio de la luz en el mundo artístico tiene una vital importancia, La luz es factor determinante en el conjunto de la composición, ya que  esos rayos inciden sobre las formas de la realidad. En esta imagen se puede observar que se utiliza una luz artificial externa que ilumina de manera directa una parte de la composición, en este caso el torso de la figura.  
Utiliza una luz conceptual, de tal modo que el artista no ilumina la parte principal de la composición, sino aquello que le interesa destacar, en este caso la figura de Adele Bloch-Bauer.
En cuanto a la sombra se puede ver claramente que no nos encontramos ante una obra que haya mucha sombra, aunque podemos apreciar  un claroscuro que proviene del sombrero de la figura principal, haciendo que se vea un claroscuro en el rostro de la figura femenina.

ESPACIO


Uno de los aspectos principales de la composición pictórica es la distribución de los elementos en el espacio, el marco en el que el pintor sitúa los personajes, los objetos del tema que desarrolla.
En esta composición podemos apreciar que aparece en el primer plano y como elemento principal la figura femenina de Adele Bloch-Bauer, dejando en un segundo plano el fondo florido y las estampas japonesas.
La disposición de las imágenes es ordenada, fijando un lugar a cada uno de los elementos figurados. Nos encontramos ante una obra que posee una yuxtaposición en horizontal y vertical organizando  el espacio compositivo, ocupando el personaje principal, en este caso Adele Bloch-Bauer, la parte alta del cuadro. Podemos decir que estamos ante una composición cerrada en la que todos los elementos se dirigen hacia un mismo punto, hacía el centro teórico del cuadro, cobrando esta vital importancia.
Por otro lado podemos observar como los detalles que enmarca en su obra no tienen un orden aparente, como por ejemplo son las flores, aparecen todas desordenadas en el espacio.
Se encuentra en un espacio compositivo que no hace referencia a ningún espacio real, rodeadas de formas ornamentales abstractas y exuberantes.

COMPOSICIÓN


Como se puede observar en la pintura realizada por Klimt, ésta al igual que en otras obras realizadas por él rodea a la retratada de un fondo decorativo rico en color y formas, en el que muestra su pasión por el arte oriental y la iconografía, de la que era un ávido coleccionista.
La cara y los detalles que la rodean están completos llegando esto a hacer que parezca aun más realista.
La obra tiene una clara composición vertical, donde predomina la figura de Adele Bloch-Bauer, la composición de la obra está fundamentada básicamente en el color y en la luz, que son las que infieren movimiento y forma al conjunto.
 Por otro lado podemos ver que se trata de una obra de composiciones plana y carente de profundidad o sombras.

FORMAS DE EXPRESIÓN


 Como ya he comentado con anterioridad, con esta obra el autor quería representar la mujer de esa época, tanto en su vestimenta como en  personalidad… además de la cultura y vida japonesa, por lo que representaba a la figura femenina con atuendos y peinados propios de allí, y por lo que se podemos ver lo ha conseguido y transmite perfectamente todo eso en su obra, gracias a la composición de esta, color, luz, sombra, textura…
A Klimt no se le suele asociar a ninguna tendencia o estilo concreto, aunque en esta obra se puede apreciar un claro y acentuado simbolismo, creando un lenguaje propio de símbolos, de gran carga simbólica.
Como se puede observar en esta obra al igual que en otras en las que representa a la mujer femenina Klimt  representa la figura de la mujer con mirada melancólica o ausente, apacible, ensimismada. Legando a crear  imágenes suaves, de tonos claros y fondos neutros donde hace uso de las técnicas impresionistas.
Como colofón, decir que este autor creó muchas obras importantes como fueron entre otras:
Aunque  cabe decir que la obra comentada, fue una de las obras vendidas más caras.

APLICACIONES PEDAGÓGICAS PARA EL ECUELA


Esta pintura puede facilitar, una serie de tareas para las distintas áreas del currículum, en las que el alumno/a puede demostrar sus conocimientos utilizando este cuadro como recurso.
Comenzaremos presentando la obra para que los alumnos la observen atentamente. Tras la observación  comenzaremos a trabajar con ésta en las diferentes áreas.
Pasaré a desglosar por las distintas áreas, las actividades que se podrían llevar a cabo, como son las siguientes:
Área de Matemáticas: Con esta obra trabajaría la competencia matemática haciendo que los niños/as realicen problemas y ejercicios donde trabajen el volumen, las formas geométricas, la longitud… a la misma vez que observan y  reflexionan esta obra pictórica relacionando conceptos matemáticos.
Área de Lengua: Como ya he dicho antes me gustaría que los alumnos trabajasen los conceptos de formas y volumen pero además me gustaría que también se enriquecieran en vocabulario. Por ello con esta área lo que haría es que busquen en el diccionario palabras desconocidas para ellos características de esta obra, como pueden ser, entre otras: ornamental, cubismo, arabescos…
Área de Ciencias Naturales y sociales: Para esta área y para el cuadro que nos ocupa, trataríamos el tema de la cultura japonesa, hábitos, costumbres… además de realizar una pequeña redacción contando lo que se ve representando en el fondo del cuadro, haciendo con esto que conozcan de una manera diferente las vivencias y formas de vivir de otro país y cultura.
Área de Plástica y Tecnología: El profesor pondrá esta obra en grande en un proyector, los alumnos deberán de representar la misma obra lo más parecida posible. Para ello deberán de tener en cuenta los elementos que la conforman, textura, color, luz… con esto no solo están conociendo las características y tratamiento de esta obra, sino que también están practicando y viviendo de alguna manera que se siente al ser creador de una obra realizada por nosotros mismos.
Área de Educación Física: En esta área al tratar la obra la cultura japonesa, se tratará de acercar al alumnado a través d el Educación física y de dicha composición a esta cultura, y para ello el profesor explicará los juegos que practican en esta cultura, y formando pequeños grupos practicaran diferentes juegos, como pueden ser entre otros:
Ohajiki
Este juego es generalmente considerado un juego de niñas. Los jugadores empujan ligeramente con los dedos (como a las canicas) unas piezas con el aspecto de monedas, llamadas ohajiki, con el objetivo de golpear otras piezas. Antiguamente se utilizaban piedrecillas, o piezas de otro juego muy popular, el go. En la actualidad, las piezas son generalmente de cristal.

Cómo jugar
(1)
Todos los jugadores cuentan con el mismo número de piezas, ohajiki, sobre el terreno y se sortea el orden de juego con el jan-ken (piedra, papel, tijeras).
(2)
El primer jugador toma todas las piezas en juego, utilizando una mano, y las esparce por el suelo.
(3)
El jugador elige dos piezas y traza una línea imaginaria entre ellas, indicando cómo piensa golpear una con la otra.
(4)
Si el jugador lo consigue, se la queda. De lo contrario, pasa el turno al próximo jugador. Al final del juego, el ganador es la persona que ha conseguido más fichas.

BIBLIOGRAFÍA